Texto

El saber agujereado

“… un psicoanálisis. Trabajo de ilusionista, se nos podría decir,

si no tuviera por fruto, justamente, la resolución de una ilusión.”

Jacques Lacan, en “Más allá del principio de realidad”

Breves fragmentos de discurso. Los primeros surgieron en espacios de formación donde se apuesta a que algo de la transmisión del psicoanálisis pueda producirse. El segundo, fue extraído de un análisis.

– Una novel colega refiere haber escuchado de un docente de psicoanálisis que “habría que hacer buenas intervenciones en la primera entrevista” para “hacer semblante del Sujeto Supuesto Saber”. Otro futuro colega habría escuchado la sugerencia de hacer intervenciones en la primera o primeras entrevistas, para “darle algo” al paciente, y que, gracias a ello, continuase concurriendo.

– En el marco de un análisis, tiene lugar la siguiente secuencia: la analista retoma ciertos dichos del analizante que se recortan en su discurso, sin saber bien qué implican o adónde llevarán. Le explicita al analizante este no saber, a pesar del cual –o por el cual, podríamos decir- se destacan esos dichos. El analizante responde, sonriendo como quien advierte que lo querrían engatusar: “No, ¡usted sí sabe! Pero no me lo quiere decir”.

Si recogemos el guante y las transformamos en causa, estas producciones discursivas nos convocan a renovar la pregunta por el estatuto del saber en psicoanálisis. Y se destaca especialmente en ellas la cuestión de la transferencia como instauración del Sujeto Supuesto Saber.

Si partimos del sujeto del inconsciente, es decir, sujeto dividido por estructura, ¿de qué saber se trataría en psicoanálisis, y en consecuencia, cuál sería la posición del analista que se desprende de la lógica de la estructura abordada? Se plantea, a su vez, el problema de la transmisión, con la cual el discurso universitario no puede sino mal-entenderse.

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¿Qué se entiende por saber en psicoanálisis? Desde Freud, se puede ubicar el saber inconsciente como saber no sabido, del cual, sin embargo, se es responsable, es decir que implica una dimensión ética. Se trata, así, de un estatuto del saber paradójico, diferenciado de la significación vulgar que se puede dar al término saber como conocimiento a disposición del yo. Freud afirma la coexistencia de un conocimiento conciente con un no saber, por mantenimiento de la represión.

Por otra parte, y en lo que parecería ser otra acepción del término, distingue lo que llama saber del paciente del saber del médico. En cuanto a este último, señala cómo el operar del analista requiere dejar a un lado los prejuicios, ideales y también el saber académico y los saberes acumulados por la experiencia previa, que aquí se tornarían un obstáculo a la escucha en atención parejamente flotante. El saber del médico no sería, en consecuencia, el saber del analista.

Pero entonces, ¿qué saber para el analista que no fuese resistencial? Podría orientarnos el hecho de que las elaboraciones producidas en psicoanálisis partieron de lo fallido -como, por ejemplo, los lapsus y los síntomas-. Se ha construido un saber, a partir de lo que no anda.

Con Lacan, se formula el saber inconsciente como S2, siendo este saber a producir-se, a partir del efecto sujeto: instante de evanescencia del sujeto que puede ubicarse en la materialidad del discurso, en su superficie; abriéndose y cerrándose el inconsciente en su pulsación temporal. Esta concepción se opone a la idea del inconsciente como reservorio cuyos contenidos reprimidos habría que desenterrar de supuestas profundidades psíquicas. Por lo tanto, no se trataría de un saber del que podamos asegurar que ya tenía existencia antes de ser producido, sino del que a posteriori podrá decirse que se habrá sabido, no-todo. Ello es solidario de la elaboración sobre la interpretación. Como se ha repetido en innumerables ocasiones -con el riesgo de que se pierda allí el peso que tiene- una intervención no es interpretación sino por sus efectos. Es decir, nuevamente tendríamos que utilizar el tiempo verbal del futuro anterior, para poder decir -siempre après coup- que una intervención habrá sido una interpretación. Lo incalculable de la interpretación se advierte en la sorpresa que suscita no sólo en el analizante sino también en el analista, produciendo un corte y diferencia en el discurso.

El bosquejo que se acaba de trazar respecto al saber en psicoanálisis, no puede sino ser incompatible con la idea que se trasunta en enunciados como los que mencioné al principio. Dicha idea consistiría en que sería posible para el analista saber a priori qué intervención hacer para que resulte una “buena intervención” –y no es casual que hable de resultados-; por otra parte, obviamente cabe preguntarse qué sería lo que se califica como “buena intervención” en esos dichos. Las “buenas intervenciones” parecen proponerse como una especie de vacuna contra la eventualidad de una deserción de quien consulta. ¿Vacuna, con su objetivo preventivo y evitativo de un peligro o daño? ¿De qué índole sería este peligro, sino de la castración? Incluso si pensamos que estos enunciados albergan algún otro interés en juego que aquellos de la persona del analista -por ejemplo si atribuimos estos recaudos a un intento de propiciar la puesta en marcha del dispositivo analítico- cabe recordar que Lacan decía que los incautos no yerran, y que las buenas intenciones conducen a lo peor.

En la lógica que, según mi lectura, proponen estos dichos que interrogamos, el hecho de no poder anticipar el saber podría ser explicado por una insuficiencia de tal o cual analista, ya sea por falta de experiencia, capacidad, o iluminación, en tanto se sostendría que: si yo o el otro no sabemos por incapaces, hay Otro, con mayúscula, que sí sabe. Permanece así, intocado, el Analista Maestro que encarnaría la totalidad del saber, supuesto en algún lugar. Esta ilusión evita el confrontar-se con la verdad de la castración, fundamentalmente del Otro. Que un analizante, no habiendo llegado al fin de análisis, sostenga aún la creencia en la existencia de un saber absoluto atribuible a alguna entidad o lugar, es propio de la lógica neurótica con la que vérnosla en el análisis, pero ¿qué sucede cuando la creencia en el Sujeto Supuesto Saber no ha caído en quien se nombra como psicoanalista, o pretende hacer transmisión del psicoanálisis? Aquí también se abre la pregunta por el ejercicio del psicoanálisis cuando quien lo practica no llegó al fin como analizante, cuestión delicada de la que Lacan se ocupó extensamente, ya que ¿cómo y quién lo determina? Resuenan aquí frases como “el analista se autoriza de sí mismo y de algunos otros”, pero en ellas tampoco hay, como era de esperar, La Última Palabra.

La sugerencia de darle algo al paciente para que no se vaya, en su forma, vuelve aún más transparente la posición desde donde es enunciada. Ya sea este don el saber, o algún otro símbolo de amor, desde esta posición el analista no se abstiene de procurar una satisfacción al paciente, o, mejor dicho, no se abstiene de intentarlo, ya que de todos modos, le dé lo que le dé, la demanda no será satisfecha por completo y parece que esto también se olvida fácilmente. No viene mal recordar lo señalado por Lacan en su texto sobre “La dirección de la cura y los principios de su poder”, donde realza “la importancia de preservar el lugar del deseo en la dirección de la cura”1, y escribe: “si el amor es dar lo que no se tiene, es bien cierto que el sujeto puede esperar que se le dé, puesto que el psicoanalista no tiene otra cosa que darle. Pero incluso esa nada, no se la da”2.

En ese intento de satisfacer una supuesta demanda del paciente también el analista estaría esperando una retribución, localizable en: que quien consulta no se vaya. Así, es el analista el que comienza a demandar… amor. Y, por qué no, podría tratarse de ser amado por el Superyó, donde las llamadas “buenas intervenciones” se constituirían en el mandato con que alimentar su gula, mandato al que sólo cabría responder oigo y que colmaría los oídos del analista de modo tal que quizás ya sólo pueda escuchar esa voz… Y nada del decir de quien le habla. Aumento del sentimiento de culpabilidad, evitación de la angustia del horror al acto. Lacan también se refería al horror de decir una palabra que pudiese ser verdad, ¿se tratará del mismo horror? ¿Qué vínculos entre el horror, la verdad, el acto y el deseo?

El analista inaugura la posibilidad de un análisis a partir de su acto, posicionándose desde la función deseo del analista. Cabe pensar que tanto la instauración como la caída del Sujeto Supuesto Saber se desprenderán como efecto de una lógica de la cura conducida desde esta posición. El analista oferta un lugar vaciado, operando desde la carencia de ser y desde el no saber, que, como Lacan se ocupa de aclarar, no se trata de la negación del saber. Desde esta posición, se abrirá, frente a cada singularidad, un abanico de posibilidades de táctica y estrategia a nivel de las intervenciones y manejo de la transferencia. Posicionándose no desde el saber sino desde la función deseo del analista, posibilitará que el analizante lo ubique en el lugar del Otro y le suponga un saber, que tiene las características de saber que sortea la castración. Pero el analista, como resultado de su travesía como analizante, tendría que estar advertido de que ello no es más que una equivocación. El Sujeto Supuesto Saber es un nombre de la ilusión de la consistencia del Otro. Dice Lacan: “el Otro no encierra ningún saber, ni ya ahí ni tampoco por venir en un estatuto de absoluto”3.

La instauración del Sujeto Supuesto Saber, como transferencia simbólica, rubrica la entrada en análisis. Cabe preguntarse por las implicancias de la frase “hacer semblante de Sujeto Supuesto Saber”4. Considero que puede prestarse a interpretaciones que implican corrimientos de la posición del analista, pudiendo transformarse en una invitación a hacer sugestión. Si bien el analista es llamado a ocupar ese lugar, hay una gran diferencia –y con significativas consecuencias- entre que el analizante suponga que hay un saber del que un sujeto es poseedor, y que el analista se crea que sabe o que tendría que poseer ese saber, o hacerse el que sabe, donde el Sujeto Supuesto Saber pasaría a ser, más que equivocación, engaño. Quien más ocupado por preservar su narcisismo intacto, más alejado de la posición del analista.

¿Cómo alojar el llamado al lugar de Sujeto Supuesto Saber, sin caer en la impostura? ¿Cómo sostener la posibilidad de que la dialéctica del análisis se ponga en marcha y siga su curso? ¿Cómo conducir la cura hacia un fin de análisis que no sea el de la identificación con el analista?

Lacan destaca que el analista no es el sabio, y ubica que la posibilidad de que el análisis culmine en otra cosa que la identificación es teniendo en cuenta “la realidad de la diferencia sexual”, de la cual dice que “no es supuesto saber”5. Podemos pensar, entonces, que la realidad del sexo hace obstáculo a la totalización del saber. El saber está agujereado por lo real del sexo en su intrincación con la muerte, y trazando “el borde del agujero en el saber”6, Lacan ubica a la letra, como litoral entre saber y goce.

Aproximémonos a la cuestión desde otro ángulo: el sujeto está dividido entre el saber y la verdad7. El saber, como articulación significante, falla y allí emerge la verdad, que opera como causa. Lacan también designa al saber como produciendo el objeto a8. Cabe preguntarse si así señala otra dimensión del saber: la de su agujero. Dice: “Al revés de nuestra experiencia, puede decirse que el saber es lo que falta a la verdad”9 ¿Falta un saber sobre la verdad, y el saber, al intentar aproximarse a la verdad, no puede sino “mentir”? Podría pensarse que habría una dimensión del saber inconsciente (S2) y otra correspondiente a lo que llama “el saber interrogado como función radical”, al que se refiere como “saber perdido” (a)10.

Luego dice, y vale la pena citarlo: “sabemos que en alguna parte, en esa parte que llamamos inconsciente, se enuncia una verdad cuya propiedad es que no podemos saber nada de ella. Este hecho mismo constituye un saber.”11

Saber que de la verdad no es posible saber, constituye, a su vez, un saber del análisis: saber del agujero en tanto verdad acerca del saber.

Lacan también plantea: “La verdad está en decir sobre el sexo y es por ello que es imposible.”, “El sexo, en su esencia de diferencia radical permanece tachado y se rehúsa al saber”12.

El Otro es inconsistente, se ubica un agujero en su campo, también expresado por Lacan como “falta de lo verdadero sobre lo verdadero”, “no hay Otro del Otro”, “no hay metalenguaje”, “no hay universo del discurso”, “ningún discurso puede decir la verdad” 13. Se alude así, a lo que no puede ser dicho, aquello para lo cual no hay significante, dimensión de la represión primaria. ¿Podemos decir que la inconsistencia del campo del Otro es señalada por el matema S(A/)? ¿Podemos decir, que en ese mismo nivel se ubicaría la imposibilidad de escribir la relación sexual? ¿Y qué articulaciones entre agujero y falta?

Por otra parte, Lacan ya en su seminario sobre la transferencia, señala cómo el saber de la episteme -saber de la ciencia- alcanza su punto de detención, ejemplificado en el momento en que Sócrates, en su discurso sobre el amor, hace hablar a una mujer. Podemos pensar, ¿qué tiene que ver este agujero en el saber, con La Mujer? No olvidemos que también el saber de Freud se detiene en la pregunta: ¿Qué quiere una mujer? Es allí que se enuncia el mito, en ese límite del saber como episteme. Mantengo el interrogante por el modo en que se vincularían el matema S(A/) y los conceptos de La Mujer, La Cosa, La Verdad con los que Lacan ubica, a mi entender, los límites de la estructura. Respecto al “no hay relación sexual”, lo vincula directamente con el no saber acerca de qué es La Mujer. 14

Desde estos diversos ángulos, intentamos aproximarnos a ese ¿imposible de saber? ¿o saber imposible? ¿O perdido?, por tratarse de un real que no puede ser recubierto por lo simbólico. Este real agujerea al Otro, operación cuyo resto es el objeto a. Esto guarda la más estrecha vinculación con el fin de análisis: para el analista se trata de prestarse a la barradura del Otro que en algún momento encarna para el analizante, dejándose tomar como objeto para desde allí operar, y para finalmente ser arrojado como resto de esa operación que produce a su vez la destitución del sujeto. Esta travesía no puede realizarse en soledad, se requiere de otro, aquí representado por el analista. Teniendo en cuenta lo que trabaja Lacan en su seminario sobre “El acto psicoanalítico”, podemos plantear que, si bien la falta está allí desde el principio, al final de un análisis se realiza, y se articula de otra manera.

Siempre provisoriamente, y con la esperanza de que lo dicho hasta aquí pueda ser también interrogado, concluyo: La posición del analista sería compatible con el agujero del saber y con un saber acerca del agujero. Un saber advertido de su límite, un saber que no reniegue de la castración, y una posición ética consecuente, impediría sostenerse en la impostura de creerse poseedor de un saber sobre la verdad del analizante, y hacer del supuesto saber el ejercicio de un poder. No podemos pensar el Sujeto Supuesto Saber sin articularlo con el ágalma del cual se sostiene la transferencia, y recordar que para el analizante respecto al analista se trata de “en ti más que tú”15. El analista, prestándose a ser objeto causa del trabajo, habilita para el analizante la posibilidad de creación a partir de lo que no anda. Localizar la dimensión de falla en el saber abre a un margen de libertad.

Luciana Ujidos

Abril 2015

Notas

1 Escritos 2. P. 613.

2 Escritos 2. P. 598.

3 Lacan, Jacques: “Seminario 16: De un Otro al otro”. P. 58.

4 Si alguien encontró esta frase en Lacan le pido que lo comente, por mi parte, al menos por ahora, no la encontré.

5 Lacan, Jacques: “Seminario 12: Problemas cruciales del psicoanálisis”. Clases del 12 y del 19 de mayo de 1965.

6 Lacan, Jacques: “Seminario 18: De un discurso que no fuera del semblante”. P. 109.

7 Lacan, Jacques: “La ciencia y la verdad”. Escritos 2. P. 835.

8 En el seminario 16.

9 Lacan, Jacques: “Seminario 16: De un Otro al otro”. P. 193.

10 Lacan, Jacques: “Seminario 16: De un Otro al otro”. P. 186.

11 Lacan, Jacques: “Seminario 16: De un Otro al otro”. P. 187.

12 Lacan, Jacques: “Seminario 12: Problemas cruciales del psicoanálisis”. Clases del 12 y del 19 de mayo de 1965.

13 Estas frases pueden encontrarse por ejemplo en “La ciencia y la verdad” y en el Seminario 16.

14 En el seminario 16, por ejemplo.

15 Lacan, J.S Seminario 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. P. 271.

Bibliografía

 Lacan, J.: Escritos 2: La dirección de la cura y los principios de su poder.

 Lacan, J.: Escritos 2: La ciencia y la verdad.

 Lacan, J. Seminario 7 – La ética del psicoanálisis

 Lacan, J: Seminario 8 – La transferencia

 Lacan, J.: Seminario 11 – Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis

 Lacan, J: Proposición del 9 de octubre de 1967 del Psicoanalista de la Escuela

 Lacan, J: La equivocación del sujeto supuesto al saber (14 de diciembre de 1967)

 Lacan, J.: Seminario 12 – Problemas cruciales del psicoanálisis

 Lacan, J.: Seminario 15 – El acto psicoanalítico (1967-1968)

 Lacan, J.: Seminario 16 – De un Otro al otro (1968-1969)

 Lacan, J: Seminario 18 – De un discurso que no fuera del semblante (1971)

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